Categoria: Futbol Internacional
'EL PROBLEMA DEL FúTBOL SON LOS ADULTOS'
 
Adrià, de 11 años, se hizo daño el domingo en Peralada.

Jugaba la final con el alevín B del Barça contra el Espanyol en uno de los torneos más importantes de esta categoría. Un derbi en miniatura. Los blanquiazules lanzaron el balón fuera para que Adrià fuera atendido. Los culés reiniciaron el juego, pensando en devolver la pelota, pero Mamadú dribló inesperadamente a cuatro defensas del Espanyol y marcó. Era el 1-0. Inmediatamente, Albert Puig, entrenador del Barça (38 años, 20 en la formación de jóvenes, cuatro temporadas en el club), ordenó a sus niños que se dejaran empatar. Pero ya había ganado el partido más importante: el del fair play.




--¿Qué pasó?
--El Espanyol había enviado deportivamente el balón afuera. La mala suerte es que Mamadú, que es de Senegal, un chico que lleva dos años aquí, que habla catalán, majísimo, muy integrado, se olvidó de dónde venía el balón y se fue a la portería para marcar el gol. Al verlo, me levanté y le dije al entrenador del Espanyol: "Tranquilo, no pasa nada. Yo soluciono esto inmediatamente".

--¿Cómo lo hizo?
--Estaba en el banquillo gritando como un loco para que mis jugadores me oyeran. Había 1.000 personas en el campo del Peralada. Ellos no me veían. Luego tampoco me enten- dían. En teoría, debía estar contento por el 1-0. Pero no era así, les seguía gritando. No sabían bien lo que pasaba. Tuve suerte de que dos minutos más tarde hubo una falta al lado del banquillo. Hablé entonces con Dani y le expliqué que debían dejarse marcar un gol. Carlos, nuestro central, dio el balón al delantero del Espanyol y logró el empate. El portero ni se inmutó. El Espanyol se portó muy bien. Llegamos al descanso y se aclaró todo. Después, Mamadú volvió a hacer otra gran jugada, esta sí que era buena, y ganamos 2-1.

--Pero ya habían ganado el partido más importante. Dejó el mensaje de que no vale todo. Horas más tarde, el Atlético no actuó igual y derrotó al Villarreal en una jugada con mucha polémica.
--Lo sé, pero estamos hablando de niños. El problema del fútbol son los adultos, no los niños. Nada más llegar al vestuario, en el descanso, hablaron con Mamadú y le explicaron lo que había pasado. Le explicaron por qué tenía que devolver el balón. Entonces, él se marchó al vestuario del árbitro y le pidió perdón por lo que había hecho. Somos los adultos los que damos vueltas y vueltas a las cosas. Ellos, los niños, son muy simples, muy sencillos. Somos los adultos los que tenemos que aprender de los niños y no al revés.

--¿Qué se siente más, educador o entrenador?
--Yo soy profesor, soy profesor de fútbol base, de fútbol. Hay profesores, hay entrenadores y hay alineadores, que son ya los grandes técnicos de Primera División. Ellos alinean y gestionan a un grupo de estrellas, algo que es muy difícil. Yo disfruto con los niños. Tengo una plantilla de 18, prácticamente de toda Catalunya. Mamadú es de Blanes. Es altísimo, el padre mide 1,90 m; la madre, 1,80, y el abuelo casi 2 metros. Son de una tribu muy famosa de Senegal. Tenemos a tres niños de Tarragona, otro de Sant Joan de les Abadesses, dos de Manresa y de la zona de Barcelona. El Barça es Catalunya, pero el fútbol se ha globalizado de tal manera que tenemos chicos de todo el mundo, de África, de Brasil, de todas partes.

--Con 11 años, ¿viven en La Masia?
--No, no queremos separarlos de su familia. Allí entran con 13 o 14 años. Ahora vienen tres veces a la semana desde donde viven hasta la ciudad deportiva de Sant Joan Despí en taxi. Los recogemos en el colegio y los dejamos en su casa, alrededor de las diez de la noche. Es un sacrificio aceptable. Y, aunque parezca difícil, son los que luego sacan mejores notas. ¿Por qué? Porque se vuelven más sacrificados, aprovechan los viajes en taxi para estudiar y entonces se vuelven más responsables. La mayoría del equipo procede de los pueblos. Cada vez es más difícil que salga un jugador de una gran ciudad.

--Y eso, ¿por qué?
--No pueden jugar en la ciudad. ¿Dónde van a hacerlo? No tienen sitio. Los buenos salen de los pueblos.Solo hay que ver el poder que adquiere el fútbol africano. Ellos todavía están en la calle. El mejor entrenamiento que hay es un campo de tierra, la calle. Nosotros, a los niños, no les decimos muchas cosas, pero saben que el entrenamiento es la base de todo. Si tú entrenas bien y tienes las ideas claras, a un adulto poco hay que decirle; a un niño, menos. Hablamos poco, les decimos que jueguen y disfruten. Además, les educamos para que cada partido, aunque se enfrenten con el último clasificado, sea el más importante. Eso se aprende, eso se mama. Y, al final, consigues que llegue al Camp Nou y juegue a fútbol ante 100.000 personas sin ningún problema. La presión la llevan dentro. Solo hay que fijarse en Puyol, Xavi, Valdés, Oleguer, Messi... Esto es lo que los niños quieren conseguir, pero siempre con orden, dentro de una educación, dando las gracias por todo y completando una formación. Así, luego, no tienen problemas cuando pisan el Camp Nou.
   
Fuente: www.elperiodico.com
     
 

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