Categoria: Arbitraje Femenino
ÁRBITRA DE PRIMERA - EL DISCRETO ENCANTO DE PITAR
 
Varias mujeres, vestidas de negro, andan por las canchas de fútbol, ciudadano. Una, Dios libre, llegó a primera división. Y a esta página. Fabio Guerra

Siete años como jueza profesional de fútbol han dado a Laura Geymonat un aplomo sincero, que la ayuda dentro y fuera del rectángulo. En el fútbol oficial es árbitra de línea por propia decisión, y en el de salón hace cinco años que actúa como árbitra principal. Este año, además, es la primera mujer que arbitra en la divisional primera A. Toda una carrera, que la obligó a sacrificar ciertos aspectos de su vida, hacia los que ahora rehúye volver los ojos. Lo que no rehúye es la respuesta concisa y rápida, como un pitazo, a preguntas complejas.
VOLVER.
—¿Por qué el fútbol?
—Vine de Colonia Valdense a los 17 años, a estudiar periodismo deportivo. Me enamoré del relato de Víctor Hugo Morales y quería ser relatora, ni se me pasaba por la cabeza esto.
—¿Tu edad?
—(Gesto de reticencia.) 29, ¡oh!, y soy la más chica de los árbitros asistentes varones.
—¿Terminaste el curso de periodismo?
—Sí, mientras lo hacía trabajaba en un restaurante de 18 y Yi. Ahí cocinaba, mi otra gran pasión. En periodismo deportivo nunca trabajé, hay mucha gente en esa actividad, incluso estudiándola, y si no tenés contactos es muy difícil entrar a un medio. Un día un compañero del restaurante vio un aviso en el diario, comenzaban cursos en el Colegio de Árbitros, y me avisó. Fui con la idea de informarme más sobre las reglas, para cuando me recibiera de periodista deportiva. Bueno, me quedé.
—¿Cuánto duró el curso de arbitraje?
—Un año, con parte teórica y práctica, que es la más difícil. Mi docente era Ernesto Filippi, me recibí en mayo del 98. Al momento de la inscripción éramos 39 mujeres, de las que egresamos 6. Ahora acaban de recibirse otras tres compañeras, así que árbitras de fútbol somos, en total, 9. A la distancia reconozco que el curso era duro pero también que nosotras, técnicamente, éramos muy malas.
—¿Ya había despuntado el fútbol femenino?
— Sí, pero era muy incipiente y no estaba tan aceptado como ahora. En el curso ya hacíamos algunos partidos de fútbol femenino, pero creo que todo lo relativo al arbitraje y fútbol de mujeres fue una imposición de la FIFA a la AUF (Asociación Uruguaya de Fútbol). Si la AUF había incorporado fútbol femenino y quería competir, tanto a nivel nacional como internacional, tenía que tener árbitras. Entonces, las jugadoras y nosotras colaboramos al cambio de mentalidades, al punto que yo, actualmente, arbitrando en primera, no sólo no me siento un bicho raro, sino respaldada.
—¿Por quiénes?
—El público fundamentalmente, pero los jugadores y los compañeros también. Después de siete años ejerciendo, todo el ambiente del fútbol, que es muy chico, sabe cómo trabajás, quién sos. Eso va generando respeto, confianza. Al principio los jueces veteranos no querían ver mujeres ni en figuritas, hoy hay compañeros que me dicen: "ojalá que me toque con vos". La imagen del árbitro, desde la propia formación, está asociada a lo intocable, lo inalcanzable, la figura infalible, casi divina. Y eso te va contagiando una especie de soberbia, que lo peor que podés hacer es creértela. Somos humanos, cometemos errores como cualquiera. Y lo más duro, por lo menos para mí, no son los comentarios de algunas personas o algunos medios –que últimamente se han ensañado con los jueces, quizás porque el fútbol uruguayo, a pesar de ser mediocre, sigue vendiendo gracias a su arraigo popular y, como no hay nada bueno para decir de él, inventamos polémicas– sino cuando el error que cometiste derivó en injusticia dentro de la cancha. Esa culpa te la traés de regreso a tu casa.
—Es más fácil errarle siendo juez principal, que línea.
—(Sonríe). Obviamente toma más decisiones, aunque siempre digo que es más fácil disimular con un silbato que con un banderín. Cuando levantás el banderín, te ve un mundo.
PASE A PASE.
—¿Cómo llegaste a primera división?
—Como dice Lousteau, el ex árbitro argentino, un referente para todos nosotros, lo importante no es llegar a primera, sino el camino previo. Hice todas las divisiones inferiores, quinta, cuarta, tercera, segunda como asistente y ahora primera en la misma función. Desde el 2000, además, soy árbitra principal de Futsal, la asociación de fútbol de salón conocida como campeonato metropolitano. He hecho de todo en el arbitraje: clásicos, finales, preliminares en el estadio Centenario. Todo esto me dio experiencia, y luego mis docentes y evaluadores fueron aportando a la definición de mi perfil. Cuando llegó el momento de optar entre ser juez principal de inferiores, o de línea en las primeras divisiones, elegí lo segundo. Eso sí, al optar por ser juez de línea nunca voy a ser principal, por lo menos en primera división.
—¿No te dolió cambiar el centro por el margen de la cancha?
—Para nada. En general se llega a asistente por decantación, porque no servís como árbitro, no te da el físico, etcétera. En mi caso fue por vocación. Comencé a experimentar el placer de arbitrar cuando fui asistente.
—¿Cómo hay que entender eso?
—No tengo una explicación. Creo que para ser asistente tenés que tener muy desarrollado el espíritu de servicio, porque estás para asistir al juez central. Por otro lado, yo sabía que a nivel dirigencial es muy difícil, en Uruguay, que una mujer pueda ser árbitro principal de primera.
—¿A qué dirigentes te referís?
—A todos los que tienen poder de decisión. Innegablemente éste es un ambiente machista y, a pesar de lo mucho que avanzamos, todavía falta. Pero la resistencia de los hombres a aceptar mujeres en actividades de las que siempre se sintieron "dueños" es vieja, y extendida en la sociedad. Por otra parte, el arbitraje de fútbol está muy "taponeado": los árbitros de las divisiones superiores son muy jóvenes –algunos de 27 años– y se retiran recién a los 45. Esto hace que los ascensos o descensos sean muy esporádicos.
—Para que quede un lugar libre, ¿tiene que salir el que está?
—O andar tan desastroso que lo bajen de categoría, lo cual es dificilísimo. Sumale que hay pocos lugares. Por año suben no más de dos o excepcionalmente tres jueces a primera. Este año subimos tres asistentes, yo y dos varones, porque hubo dos compañeros que se fueron al exterior.
—Las canchas de fútbol de salón son más chicas, hay más presión.
—Pero justamente es el lugar donde puedo pitar como árbitra principal, y el que me dio un temple especial para enfrentar los estadios. Desde 2001 estoy arbitrando en primera de Futsal, y también fui la primera mujer en llegar allí. Siento la responsabilidad de saber que estoy despejando el camino para las compañeras que vienen, y a la vez intento adaptarme a un ambiente absolutamente masculino. Eso obliga a determinadas prevenciones, que por momentos pueden parecer hasta paranoicas.
APOCALÃPTICAS O INTEGRADAS.
—¿Qué prevenciones?
—No usar ropa muy ajustada, no salir los fines de semana porque si tomás agua dicen que es grappa y si es cerveza dicen que te vieron borracha, en fin, tratar de corresponder, con la imagen, a los valores con los que me manejo. Que, admito, son bastante conservadores. A la vez, me adapto fácilmente al entorno.
—¿No te parece que con esas conductas estás atentando contra el lugar femenino que peleás en el discurso?
—Puede ser, aunque nunca lo pensé por ese lado; más bien es una forma de autoprotegerme. Que nadie tenga nada que decir. No podés facilitar los desubiques, por ejemplo, entrenando con una calza ajustada. Y a veces estos detalles son los únicos que les interesan a algunos. Cómo te las arreglás en los vestuarios.
—Ya que estamos, ¿cómo te arreglás?
—(Sonrisa tolerante.) Acostumbro ducharme en casa, por razones de higiene. Pero si tengo que hacerlo en las canchas, que en su mayoría no tienen duchas para damas, es muy sencillo: entran primero ellos, y vos esperás. Ojalá fueran sólo éstos los problemas de los jueces. Hay otros mucho más graves, que pueden sintetizarse en que el sistema del fútbol te exige como profesional, pero te remunera como amateur. Y las condiciones de trabajo son, también, amateur.
—¿Cuáles?
—Agua fría en las duchas, horas de entrenamiento después de trabajar ocho o diez horas en otro lado, indumentaria deficiente. He compartido divisionales inferiores con compañeros mal comidos, calzados con botines inadecuados para correr, y así. Todos tenemos que hacer otra cosa para vivir. A mí me ayudan trabajos de computación que hago para una empresa, y estoy estudiando hotelería en una escuela de la Universidad del Trabajo, después de haber estudiado cinco años gastronomía. Tengo el problema de ser la eterna estudiante (risas).
—¿Tenés pareja?
—No, pero tuve (la madre de Laura, presente desde el comienzo de la nota, continúa leyendo ).
—¿Hijos?
—No, tres perros, que cuida mi madre en otra casa porque acá no tengo lugar.
—¿Cuál fue tu partido más difícil?
—En todos estuve muy tranquila, sin dificultades. Contra lo que suele creerse, dentro de la cancha no te enterás de la violencia que puede dispararse alrededor, o afuera. Y en un país donde hay niños muriendo de hambre y jubilados que cobran mil pesos, no es ético dramatizar el fútbol, un juego.
—Pero no me vas a decir que nunca te gritaron andá a lavar los platos, por decir lo menos.
—Bueno, hay canchas chicas donde desde la platea juegan a acertar con las escupidas a los jueces. Tengo compañeros que me dicen que cuando llegan tienen que cepillar el uniforme. Yo, felizmente, nunca sufrí violencia acá, sí en el exterior. Y aquí reivindico al hincha uruguayo: para mí es mucho menos agresivo que en otras partes. En Ecuador la policía nos sacó de un estadio abajo de los escudos, porque llovía de todo, y en Lima me amenazaron de muerte. Esas peripecias me ayudaron a valorar a nuestro público. Uno de los últimos clásicos que hice, Cerro-Rampla, no percibí nada extraño. Cuando salí de la cancha mi hermano me dijo: "¿no oíste los líos, las pedradas?". Nada, le dije. Y arbitrar en el Centenario es bárbaro: estás a leguas de las tribunas. Creo, por supuesto, que la violencia en el fútbol nos compromete a todas y todos los que participamos en él. No puede ser que por encubrir a tres delincuentes, echemos a cien hinchas.
—Volvamos a tu existencia fuera del arbitraje (Laura acaba de mostrarme dos simpáticas tarjetas amarilla y roja que usa, ovaladas).
—Bueno, sacrifiqué algunos aspectos de mi vida para avanzar en esta profesión. Por eso, muchas veces me niego a pasarles lista. Retomando lo que te decía antes: éste es un trabajo duro, y no tenemos con quién hablar de nuestros conflictos. No sería mala idea que el Colegio de Árbitros incorporara psicólogos a su plantilla.
—¿No temés que la contradicción de tener que masculinizarte para preservar un lugar de mujer termine impregnando tu personalidad?
—(Sonrisa calma). No creo. Una cosa es desplegar una estrategia hacia el varón, y otra mimetizarse con él. Te doy una noticia: Uruguay es el primer país en aprobar un subsidio para árbitras de fútbol embarazadas. Lo conseguimos el año pasado, después de una intensa movilización ante la AUF. Los árbitros cobramos por partido y tenemos subsidios por lesión. El embarazo era asimilado a una lesión. Conseguimos sacarle esa equiparación con una enfermedad, y pedimos 12 meses de subsidio pensando que nos darían 9. Nos dieron 6. Pero quizás más importante que la victoria del dinero, fue la de la sensibilización.
—¿Jugás al fútbol?
—No me gusta. Me encantan todos los deportes e hice desde atletismo hasta gimnasia olímpica. Pero como futbolista, soy una fantástica cocinera.

fuente: www.brecha.com.uy
     
 

GALERIAS




PERIODICOS

Elije el Diario



Asociacion Uruguaya de Arbitros de Futbol - Tribuna Colombes - Estadio Centenario - Montevideo - Republica Oriental del Uruguay
Powered by PlazaNetwork Uruguay - www.plazanetwork.com.uy