Cada fin de semana se reabre el debate sobre la utilización de tecnología en el fútbol. Estamos viendo jugadas que, de estar los árbitros equipados con tecnología, se habrían ahorrado muchísimas críticas hacia este colectivo.

Jugadas al límite, casi imposibles de ver por el ser humano; acciones cercanas al área que, en ocasiones, se señalaron fuera y tuvieron lugar dentro -o al revés-; balones que botan dentro de la portería y salen (goles fantasma) y un largo etcétera de acciones complicadas. Toda esta polémica se transforma en desprestigio e insultos hacia la figura del árbitro, además de gente que utiliza al colegiado como foco de los problemas y males de su equipo o como un mal necesario del estamento federativo. Todo esto se podría evitar con una simple ojeada a las cámaras de televisión que tienen los medios de comunicación a pie de campo. A los pocos segundos de ocurrir el lance, cualquier aficionado sabe ya si el árbitro señaló o no lo correcto.

El error es inherente a la labor del árbitro, un aspecto que también sufre el propio futbolista. Como excolegiado, soy de la opinión de que el fútbol debería equiparse con nuevas tecnologías -al igual que han hecho en el tenis con el ‘Ojo de Halcón’-. El deporte rey debe adaptarse a los tiempos modernos. La tecnología no ayudaría únicamente al árbitro, sino que mejoraría la competición.

En los torneos menos exigentes y en el fútbol amateur es complicado, porque no todos los clubes podrían tener acceso a las mismas tecnologías, ni tampoco tienen tanto dinero en juego como el que está sobre el césped en las grandes ligas pero, en las primeras divisiones del mundo, no hay excusas. La prueba la tenemos en nuestra competición, donde hay el mismo número de cámaras en cada estadio. No me vale la disculpa de que se ralentiza el juego ya que, cuando el árbitro señala un tiro penal, todo el estadio sabe si fue pena máxima o no antes de que el balón se coloque en el punto de penalti.

El fútbol se ha convertido en un deporte que ha evolucionado con el paso de los años para convertirse en un acontecimiento social pero, por encima de todo, es un negocio. Los clubes son empresas que en ocasiones incluso cotizan en bolsa y dependen de un resultado para subir o bajar su valoración en el mercado. Aparte, hay otras empresas que viven alrededor del fútbol: casas de apuestas, medios de comunicación, escuelas de fútbol…

Todos los conjuntos quieren jugar en Primera División. Las cantidades económicas que reciben los equipos por competir en la máxima categoría son muy superiores a las que percibirían en cualquier otra inferior, motivo por el cual todos quieren estar en la mejor liga del mundo. Entre publicidad, derechos televisivos y otros ingresos -que se incrementarían notablemente en caso de jugar el club competición europea-, el fútbol es un negocio en el que resulta interesante invertir.

Una decisión del árbitro no tiene por qué condicionar el futuro económico de un club. Hace cien años, cuando el fútbol era un deporte de caballeros y el fair play era el único camino a seguir, el juego limpio era posible, ya que se jugaba por diversión y lo único que había en juego era el honor. Hoy en día, el fútbol profesional es puro negocio y una decisión de una persona no puede determinar lo que van a percibir para la siguiente temporada. El discurso de los que manejan los hilos de este deporte puede tener sentido para su régimen interno, seguirán con los mismos movimientos económicos previstos. Ahora, ql equipo que pierda la categoría por un error humano pudiéndolo evitar, no creo que le parezca justo.

La FIFA es reacia a la tecnología por razones de tradición. Siempre se ha utilizado la figura del árbitro para dar equilibrio al juego, respetando sus directrices y señalizaciones. Las decisiones del colegiado son parte de este deporte y sus errores también.

El fútbol nació para ser jugado por caballeros y el árbitro apareció con el cometido de supervisar que los jugadores cumplieran con las reglas del juego, de solucionar los conflictos que se produzcan entre ellos durante el partido, buscando que se desarrolle todo con la mayor fluidez posible. Si cambiamos el reglamento para poder incorporar la tecnología de apoyo al arbitraje durante los partidos, los encuentros que se celebren en países sin recursos para poder establecer en los campos las infraestructuras necesarias estarían incumpliendo el reglamento. No podrían existir dos formas diferentes de arbitraje.

La mayoría de aficionados piensa que no se introduce la tecnología porque los errores arbitrales son un negocio post partido. ¿De qué se hablaría en los medios de comunicación o en los programas de debate? Hay que llenar muchas horas de programación y la polémica llena perfectamente ese vacío, consiguiendo que se siga hablando de fútbol durante toda la semana. Las malas lenguas dicen que los errores arbitrales son la ‘salsa’ del balompié. También son la excusa perfecta para justificar las malas inversiones que hacen algunos directivos, la mala planificación de la temporada, los errores de los jugadores o la justificación para no destituir al entrenador esa semana.

No me gusta ver cómo se castiga a los árbitros por sus errores, son utilizados para justificar sus fracasos. Con las herramientas de trabajo que tienen los colegiados para hacer sus funciones, es casi imposible acertar al cien por cien. El fútbol actual se juega a una gran velocidad. Los medios de comunicación, para realizar su trabajo, disponen de unas herramientas más modernas y adaptadas a la época actual que las del árbitro. Las cámaras de televisión de última generación dejan al encargado de repartir justicia casi siempre ‘con el culo al aire’ y, en muchas ocasiones, es humillado ante el hecho de no poder haber visto algo que todo el mundo vio menos él.

Pero, ¿son realmente los árbitros los culpables o son quienes manejan el fútbol? ¿Por qué nunca se meten con los organizadores de la competición? ¿Por qué siempre atacamos al más débil? Los árbitros y el sistema de arbitraje son impuestos por el organigrama de la propia competición, condiciones indispensables para poder participar en alguna competición que organice alguna de las asociaciones de la FIFA. ¿Por qué los clubes no exigen otro sistema de competición? Y, lo más extraño, ¿por qué los equipos no hacen una competición paralela con su sistema de arbitraje? Antes de estar castigando y quejándose semana tras semana de las actuaciones de los colegiados, busquen remedio. Si siguen en estas competiciones, será porque les es rentable el actual sistema de arbitraje.

Fuente: vavel.com

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