“La primera amonestación es de suma importancia y dejará bien claro a los jugadores cual es la línea que no se puede cruzar”.

“Deteniendo el juego continuamente para hablar con los jugadores se enfría el partido y calman los ánimos”.

El control del partido dependerá en gran medida de como el árbitro gestiones las decisiones disciplinarias, es decir: el uso correcto de las cartulinas y el posterior efecto que cause en los jugadores.

Mostrar muchas tarjetas amarillas en un encuentro no es sinónimo de control; cuando el árbitro tiene que hacer un uso excesivo de las amonestaciones este pierde su efecto, los jugadores dejan de actuar correctamente y abandonan el respeto hacia la figura del árbitro.

En ocasiones tres decisiones disciplinarias o amonestaciones ejecutadas en el momento oportuno controla mejor el encuentro, que mostrando un número elevado de cartulinas; 10 ó más cartulinas amarillas y alguna roja.

Un árbitro tiene que tener el talante suficiente para dirigir un encuentro solo con su presencia, realizando un arbitraje preventivo adelantándose a los acontecimientos y siempre tiene que estar dispuesto a ejercer su autoridad cuando el juego lo requiera, o aquellos jugadores que no acaten sus órdenes.

La primera amonestación es de suma importancia y dejará bien claro a los jugadores cual es la línea que no se puede cruzar, y donde ponemos el listón.

La regla número 5: el árbitro, es clara.

El partido será controlado por un árbitro, quien tendrá la autoridad total para hacer que se cumplan las Reglas de Juego. Esta es su sensatez sobre el terreno de juego; se espera que domine e interprete el reglamento. Para que se juegue el partido siguiendo las conductas de Fair Play o juego limpio, esto no quita para que el encuentro sea competitivo y disputado.

Si queremos controlar un encuentro con garantías de éxito: la medida disciplinaria es sumamente importante; no te me adelantes, pero tampoco te me atrases, como diría Mario Moreno “Cantinflas”.

Cuando no se toman las medidas oportunas y la amonestación tarda en llegar se pueden producir situaciones comprometidas. El jugador afectado querrá tomarse la justicia por su mano si el árbitro no tomó las medidas pertinentes, las tomará el jugador o alguno de sus compañeros, que harán que el árbitro tenga que actuar de forma drástica para reconducir de nuevo el encuentro, o por el contrario, que se complique el partido y sea imposible encarrilar de nuevo el juego y el orden sobre el terreno de juego, trasladándose después a los aficionados.

Pero tampoco nos podemos adelantar a las circunstancias, ya que después el efecto no causa efecto y se tendremos que mostrar demasiadas cartulinas para controlar un encuentro, que lo complicamos nosotros por no saber actuar cuando se requería la presencia de un especialista en reglas de juego.

Cuando un árbitro de fútbol actúa correctamente protegiendo el juego y al jugador, se evitan circunstancias posteriores.

Por ese motivo es tan importante tomar la primera decisión de forma correcta, siempre que sea posible por una acción relacionada con el juego, y no por una protesta sin importancia, o cualquier acción en el medio campo insignificante, siempre que esta no suponga un problema para controlar el encuentro.

Una las herramientas de trabajo de las que dispone el árbitro para control del encuentro, y aplicar las reglas de juego, son las cartulinas; amarilla y roja. Si son utilizadas correctamente, en el momento oportuno, con mano firme y segura contra aquellos jugadores que saltan al terreno de juego con el fin de causar daño, a consecuencia de sus deficiencias como jugador, el colegiado se ganará el respeto de los jugadores y aficionados.

Un árbitro de fútbol por muy controlado que tenga el partido, o cuando existe un resultado abultado, no puede bajo ningún concepto perdonar alguna cartulina por una acción temeraria, juego brusco o conducta violenta, estas acciones tienen que ser castigadas con rigor; si lo estima oportuno puede ahorrarse alguna cartulina por alguna protesta o por acciones normales del juego, pero cuando hay juego sucio o una conducta antideportiva , ahorrarse una amonestación solo quita credibilidad a la figura del árbitro.

Siempre tienes que estar tranquilo, sereno, teniendo buen juicio para saber interpretar, cuando mostrar una cartulina, advertir al jugador, o simplemente detener el juego cuando los jugadores no se comportan correctamente.

Fuente: http://www.arbitro10.com/noticia/uso-correcto-las-amonestaciones-perez-lima
Deteniendo el juego continuamente para hablar con los jugadores se enfría el partido y calman los ánimos: las pulsaciones bajan y los ánimos se relajan. De esta forma conseguiremos mantener el orden y la disciplina sobre el terreno de juego.

Un árbitro tiene que ganarse el respeto de los jugadores y que estos vean que pueden confiar en él.

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